Llaman al timbre de la puerta,
en fila de uno de vez en mes.
Robando ratos y culebras,
que me aun quedan por vencer.
Mientras te espero,
cruzan el umbral vanas ilusiones.
La ausencia de tu voz, las pantallas,
pescan miopías con la red.
Etílicas y densas madrugadas,
de estrépitos vecinos de alquiler.
Mientras te espero,
Cruzan el umbral vanas ilusiones.
Vale, reconozco las mentiras,
piensa el resto de la vida,
que nos queda por vivir.
Vale, prometo no equivocarme,
se que a eso llego tarde,
y a pagar el alquiler.
Dejaste quimeras por la casa,
que hoy me tocará barrer.
Sudokus imposibles, crucigramas,
me dejaste sin resolver.
Mientras los recuerdos,
van acechando todos los rincones.
Quemaré tus fotos, tus vestidos,
ahogare el contestador,
con las penas y vecinos,
quizá les quede algo de ron.
Mientras los recuerdos,
van acechando todos los rincones.
Vale, reconozco las mentiras,
piensa el resto de la vida,
que nos queda por vivir.
Vale, prometo no equivocarme,
se que a eso llego tarde,
y a pagar el alquiler.
Caliria es una ciudad infinita, imaginaria, que hace frontera con el miedo y la ilusión. Su peculiaridad es que cada habitante es bautizado con la bella mentira de pensar cada mañana que van a morir al día siguiente y además son dotados de una dosis importante de alegría y filosofía, por eso, viven cada día como si fuera el último haciendo aquellas cosas que abandonamos con la mansa rutina.
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