sábado, 25 de enero de 2014

Al final del camino

Pasaron días de ruido, llegaron de sabiduría

Las horas no tan deprisa, recuerdos día a día.

Tiempos de vino y rosas, hastío interminable

La luz por esa ventana, la habitación invade.



Es cada mañana mejor, más viva y más intensa,

capaz de llenar mi cuerpo, de alegría inmensa.

Balones, piedras, lápices, ellos quedan siempre,

de serenidad y buenos recuerdos se llena mente.



Todo en su momento, menos fueran de ellos,

vivirla como se merece, no tiene precio.

Sin hallar entre preguntas, sin respuestas del destino,

pues la vida tiene algo y no se percibe con sentidos.



Sentir lo inevitable, es quizá lo más fuerte.

La vida me sonríe, mientras me mira la muerte.




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